Las vacaciones soñadas de verano en Europa chocan con una dura nueva realidad, ya que el Sistema de Entrada/Salida (EES) de la UE está creando importantes cuellos de botella en los puntos de control fronterizo de Schengen. Implantado en abril, el sistema exige que los ciudadanos no pertenecientes a la UE que entren en la zona Schengen de 29 países se sometan a la toma de sus datos biométricos y a su registro en la frontera. Los pasos adicionales en el control de pasaportes han alargado los tiempos de tramitación y han llevado las operaciones aeroportuarias al límite durante la temporada de mayor afluencia del año.
Los informes procedentes de importantes hubs europeos destacan a viajeros no pertenecientes a la UE haciendo cola durante horas en quioscos automatizados y mostradores manuales mientras las autoridades capturan imágenes faciales y huellas dactilares bajo el nuevo régimen. Los retrasos son especialmente acusados en las terminales de salida, donde los pasajeros que abandonan el país deben pasar los controles de salida antes de embarcar en sus vuelos. En algunos casos, los viajeros han perdido por completo sus vuelos de regreso porque quedaron atrapados esperando el registro biométrico y la verificación de datos.
Las aerolíneas y las autoridades aeroportuarias están teniendo dificultades para adaptarse, ya que el personal y la infraestructura diseñados para el estampado tradicional de pasaportes ahora están sometidos a la presión de la tramitación biométrica. La situación es más visible en los grandes puntos de entrada que gestionan grandes volúmenes de tráfico transatlántico y de larga distancia, donde los pasajeros no pertenecientes a la UE representan una parte importante de las llegadas y salidas. Para muchos visitantes, el tiempo pasado en las colas fronterizas ahora iguala o supera la duración de su vuelo, redefiniendo la percepción de lo que implica una escapada urbana europea.
El EES se introdujo para modernizar las fronteras exteriores de Schengen sustituyendo los sellos manuales del pasaporte por un registro electrónico de cada entrada y salida. Al almacenar datos biométricos junto con historiales de viaje, las autoridades europeas aspiran a seguir mejor las estancias irregulares, identificar el fraude de identidad y reforzar los controles de seguridad en toda la región. A largo plazo, los responsables sostienen que, una vez inscritos los datos biométricos de los viajeros, los cruces posteriores deberían volverse más rápidos y fluidos, a medida que los sistemas reconozcan automáticamente a los pasajeros recurrentes.
Sin embargo, a corto plazo, el despliegue ilustra las dificultades de arranque de un gran cambio tecnológico en algunas de las fronteras más transitadas del mundo. Los viajeros no pertenecientes a la UE, acostumbrados a controles rápidos de pasaporte, ahora se encuentran con procedimientos desconocidos, barreras lingüísticas en los quioscos de autoservicio y personal limitado capaz de resolver fallos técnicos. La combinación de la demanda de temporada alta, el nuevo hardware y unos flujos de trabajo en evolución ha creado una tormenta perfecta en aeropuertos que ya lidian con escasez de personal y terminales abarrotadas.
Lo que esto significa para ti
Para cualquiera que esté planeando un viaje a la zona Schengen, las nuevas normas del EES significan que el control fronterizo puede ser la parte más lenta de tu trayecto. Los viajeros no pertenecientes a la UE deben esperar la toma de datos biométricos a la entrada, incluida la fotografía y otros controles, e incorporar este tiempo a sus horarios cuando conecten con vuelos de continuación. Confiar en escalas ajustadas o en llegadas al aeropuerto justo a tiempo ahora entraña un mayor riesgo de perder la salida debido a las colas fronterizas de avance lento.
Una planificación práctica empieza por llegar mucho antes de lo habitual a los vuelos internacionales, especialmente cuando el viaje comienza o termina en un gran hub europeo. Los viajeros deben prever posibles retrasos tanto en la llegada como en la salida, evitar reservar conexiones muy ajustadas y considerar billetes flexibles que permitan cambios si la tramitación fronteriza se prolonga. Las familias y los grupos pueden prepararse teniendo los documentos fácilmente accesibles y siguiendo la orientación del aeropuerto sobre qué carriles o quioscos utilizar, reduciendo así la confusión una vez que lleguen a los controles del EES.
De cara al futuro, el sistema podría ofrecer cruces más fluidos a medida que los aeropuertos perfeccionen los procedimientos y más viajeros completen su primer registro biométrico, pero es probable que este periodo de adaptación siga siendo turbulento durante la temporada alta. Hasta que las colas se normalicen, los visitantes no pertenecientes a la UE deberían tratar el control fronterizo de Schengen como una parte crítica de su itinerario y no como una idea secundaria. Dejar amplios márgenes de tiempo, mantener la paciencia en las filas y coordinarse con las aerolíneas si los retrasos amenazan la salida será esencial para mantener los viajes por Europa en marcha.
