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⚠️ Safety · High Risk · · via globalsupport.harvard.edu · Updated Aug 5, 2026

El clima extremo está redibujando el mapa del riesgo en los viajes internacionales

Harvard Global Support Services advierte que el clima extremo cada vez más intenso y los desastres naturales están transformando el riesgo de los viajes internacionales y alterando los desplazamientos académicos al extranjero. La guía destaca cómo fenómenos impulsados por el clima, como las olas de calor, los huracanes, las inundaciones y los incendios forestales, pueden frustrar investigaciones, conferencias y trabajo de campo, al tiempo que desencadenan efectos en cascada sobre la salud, la infraestructura y la estabilidad social. Se insta a los viajeros a incorporar el riesgo meteorológico en su planificación, desde vigilar la calidad del aire y la fiabilidad de la red eléctrica hasta prepararse para desastres repentinos con medidas prácticas de contingencia.

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Global Support Services de Harvard está dando la voz de alarma: el clima extremo y los desastres naturales ya no son preocupaciones ocasionales de fondo, sino factores centrales a la hora de planificar viajes internacionales. Los fenómenos meteorológicos, que van desde olas de calor paralizantes hasta huracanes e inundaciones, están ocurriendo con mayor frecuencia e intensidad en todo el mundo y tienen muchas más probabilidades que antes de frustrar viajes de investigación, conferencias y trabajo de campo en el extranjero. Estas perturbaciones no se limitan a retrasos y cancelaciones; el cambio climático está aumentando la intensidad, la gravedad y la imprevisibilidad de estos eventos, con efectos secundarios que incluyen un empeoramiento de la calidad del aire, enfermedades respiratorias, enfermedades, escasez de agua, inseguridad alimentaria e inestabilidad social.

El aviso describe cómo estos patrones meteorológicos globales cambiantes ya están reconfigurando la realidad cotidiana de los viajes académicos. Un viaje de investigación a una instalación costera puede verse abruptamente interrumpido por un huracán, una conferencia internacional en una gran capital puede verse afectada por una severa ola de calor y las entrevistas de tesis pueden posponerse cuando las inundaciones cortan los enlaces de transporte. Una de las alertas que International SOS emite con mayor frecuencia ahora se refiere a peligros naturales, incluido el clima extremo, y los socios de seguridad de Harvard han señalado explícitamente el cambio climático como un importante riesgo para los viajes en los próximos años. Ante ese panorama, la universidad insta a los viajeros individuales y a los organizadores de programas internacionales a adoptar estrategias prácticas que reconozcan que el clima es un riesgo operativo crítico, no solo una pequeña molestia.

El calor extremo se destaca como una amenaza creciente que muchos viajeros afrontarán directamente. Del mismo modo que las olas de calor ocasionales y la mala calidad del aire ya afectan a partes del noreste de Estados Unidos, es cada vez más probable que condiciones similares coincidan con viajes al extranjero. La guía señala que, aunque es imposible evitar por completo las olas de calor o la contaminación del aire, los viajeros pueden reducir de manera significativa su exposición investigando el índice de calidad del aire del destino, vigilando los pronósticos locales y, cuando sea posible, programando los viajes en períodos con temperaturas más suaves y mejor calidad del aire. A quienes padecen asma, problemas cardíacos, viajeros mayores y familias que viajan con niños se les aconseja consultar a un médico con antelación, subrayando que lo que antes podía haberse descartado como clima incómodo ahora tiene implicaciones reales para la salud.

Las recomendaciones se vuelven muy concretas al abordar qué hacer si se encuentran altas temperaturas y mala calidad del aire sobre el terreno. Se insta a los viajeros a mantenerse hidratados con abundante agua y, cuando sea necesario, soluciones de rehidratación oral para reponer electrolitos, limitando al mismo tiempo el alcohol y las bebidas con cafeína que contribuyen a la deshidratación. Se destacan como medidas sencillas pero eficaces llevar ropa ligera y holgada de tejidos transpirables, priorizar actividades en interiores y minimizar el ejercicio extenuante al aire libre durante las horas de la tarde y primeras horas de la noche, cuando las temperaturas y la contaminación suelen alcanzar su punto máximo. En interiores, cerrar cortinas y persianas en ventanas orientadas al sur, tomar duchas o baños frescos, usar ventiladores de forma estratégica y dormir con sábanas de algodón transpirables puede hacer que el alojamiento resulte más llevadero. Para quienes se alojan en lugares donde la calidad del aire es una preocupación persistente, invertir en un purificador de aire portátil para habitaciones de hotel o espacios de trabajo y considerar una mascarilla de alta calidad, como un respirador N95, al salir al exterior se presentan como herramientas prácticas para reducir la exposición a partículas nocivas.

Los riesgos para la salud asociados con el calor extremo van más allá de la incomodidad, y el aviso insta a los viajeros a prestar mucha atención a su cuerpo. Las altas temperaturas pueden agravar enfermedades cardíacas y pulmonares preexistentes y provocar dolencias relacionadas con el calor, entre ellas calambres por calor, agotamiento por calor y golpe de calor. Síntomas como mareos, náuseas, calambres musculares, dolor de cabeza o dificultad para respirar se describen como señales de advertencia que requieren actuar de inmediato, empezando por buscar refugio fresco y pasando a atención médica si fuera necesario. Al mismo tiempo, la guía señala que el calor extremo puede sobrecargar los sistemas eléctricos locales y dar lugar a reducciones del suministro o cortes, algunos de los cuales pueden estar programados de antemano como "brownouts" o "rolling blackouts" para proteger la red. Se anima a los viajeros a tener en cuenta la disponibilidad de generadores de respaldo al elegir alojamiento, seguir las actualizaciones de los proveedores locales de energía, mantener los dispositivos cargados y tener linternas a mano, al tiempo que planifican la preparación de alimentos, el agua potable segura y la eliminación de alimentos que puedan estropearse durante los cortes.

Más allá del calor, la guía de Harvard presenta los desastres naturales como una categoría amplia y a menudo repentina de riesgo que abarca terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, tornados, incendios forestales e inundaciones. Se describe que estos acontecimientos suelen ser imprevistos, con muy poca antelación, y viajar a lugares con alto riesgo exige una investigación, planificación y preparación exhaustivas. Una estudiante de Harvard citada en el material subraya el valor de estar preparado y señala que nadie espera que un terremoto le ocurra, pero que saber cómo manejar estas situaciones y qué recursos están disponibles puede reducir de forma significativa el estrés una vez que se produce un desastre. Este énfasis en la preparación se ve reforzado por referencias a recursos educativos y a un video diseñado para ayudar a los viajeros a iniciar el proceso de comprender el perfil de amenazas de sus destinos.

Los huracanes, ciclones, tifones y otras tormentas tropicales reciben una atención especial como ejemplos de un clima que es a la vez destructivo y, en comparación con muchos otros peligros, más predecible. Estas tormentas pueden causar daños significativos a la infraestructura y convertirse en amenazas directas para la vida humana, pero por lo general son vigiladas por meteorólogos, lo que permite anticipar su posible impacto sobre las poblaciones locales. El aviso anima a los viajeros a investigar los destinos antes de partir para comprender la capacidad de la infraestructura, la capacidad de los servicios de emergencia y qué estaciones presentan el mayor riesgo de tormentas, en lugar de asumir que una reserva garantiza la seguridad. Registrar los viajes con International SOS para recibir alertas sobre clima peligroso se presenta como un paso clave para anticiparse al desarrollo de tormentas mientras se está en el país, complementando las fuentes de información locales y las advertencias oficiales.

Entretejido en la guía hay un llamado a adoptar un enfoque más profesional y orientado al riesgo de los viajes internacionales que refleje la nueva realidad climática. Harvard GSS presenta su consejo no como un intento de disuadir a la gente de viajar al extranjero, sino de asegurarse de que lo hagan con una comprensión clara de cómo el clima extremo y los desastres naturales pueden entrelazarse con los objetivos académicos. Al tratar las olas de calor, las tormentas y otros peligros como cuestiones operativas que requieren planificación de contingencia —que abarque desde la calidad del aire y la fiabilidad del suministro eléctrico hasta el apoyo en evacuaciones—, la universidad sostiene que los viajeros pueden proteger mejor su salud y seguridad al tiempo que mantienen la continuidad de la investigación y la enseñanza en el extranjero. El mensaje es que estar informado, tener un plan y saber a dónde acudir en busca de ayuda son ahora componentes esenciales de viajar internacionalmente en una era marcada por un clima cada vez más volátil.

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